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jueves, 5 de febrero de 2015

Insostenible corrupción. Urge poner un ¡hasta aquí!

Editorial de Alejandro Zapata Perogordo

Insostenible corrupción.

  • Urge poner un ¡hasta aquí!

El punto medular, columna vertebral de la gran mayoría de los problemas que padecemos, tienen su origen y sustento en la existencia de una marcada práctica de corrupción en todos los órdenes, poderes, órganos y dependencias del Estado, donde es evidente la participación de servidores públicos, amplios segmentos del sector privado, instituciones y particulares que se ven envueltos en acciones de esa naturaleza, provocando una gran desconfianza ciudadana, falta de credibilidad, incertidumbre y erosión social, entre otras muchas facetas, donde finalmente se conduce a una irremediable y generalizada descomposición.

Los estudios sobre el tema, sus causas y orígenes, arrojan dos vertientes a considerar: aquellas que derivan entre los aspectos culturales que provocan costumbres nocivas, determinantes en la existencia y crecimiento de esa realidad; frente a quienes sostienen que el fenómeno se presenta por una debilidad institucional, al carecer de un diseño adecuado para su eficaz combate, provocando altos niveles de impunidad, circunstancia que alienta su incremento.

Ambas posturas permiten profundizar sobre las causas y efectos de la corrupción en México, lo que resulta indispensable para procurar un correcto diagnóstico y con ello, encontrar mejores soluciones.

Es imprescindible tomar en consideración la añeja tradición de prácticas informales, derivadas del sistema político asentado en el país, particularmente durante el siglo pasado, compuesto por grupos o camarillas que ocupaban los puestos burocráticos en atención a compensar lealtades personales, privilegiando en la opacidad un uso patrimonialista de los recursos del Estado en beneficio particular, incluyendo la cotidiana exigencia de la propina o la mordida, en escala ascendente o descendente, como se prefiera enunciar, de manera sumamente arraigada y, por lo mismo, elementos difíciles de eliminar.

Con ello se produjeron esquemas sobre "valores entendidos", que propiciaron profundos estancamientos para la evolución y desarrollo en la profesionalización del servicio público, también ocasiona debilidad institucional y, altos niveles de opacidad en la administración pública. Esos rasgos sistémicos, provenían de una característica peculiar: le daba margen al gobernante en turno para el control político y bajo ese esquema, obvio, se inhibió la rendición de cuentas.

Aunado a ello, el amiguísimo, compadrazgo y nepotismo, fueron figuras centrales que estuvieron presentes ocupando cargos oficiales, desplazando a perfiles de mayor capacidad y preparación, haciendo a un lado la experiencia profesional y la formación académica.

Los avances en el sistema político-electoral, permitieron ubicar con mayor claridad las debilidades provocadas por las herencias institucionales, las prácticas informales y los valores político-administrativos, para comprender con mayor amplitud el problema de la corrupción y la falta de rendición de cuentas.

Las omisiones en torno a corregir y combatir prácticas de corrupción a través de instituciones, programas y acciones, junto con cambios jurídicos tendientes a lograr mayor eficacia contra el flagelo, nos ha puesto de rodillas, urgente es poner un hasta aquí.